Exhiben Autos de México Resiliencia ante Aranceles

20 marzo, 2026

HorsePower

A casi un año de haber entrado en vigor los aranceles de la administración Trump a vehículos ligeros y autopartes, los precios de los modelos producidos en México han registrado menores aumentos respecto a aquellos importados desde otros países al mercado estadounidense, según muestra un análisis de la firma de marketing automotriz Catalyst IQ.

Una vez agotados los inventarios de vehículos importados libres de arancel, los precios de los autos y camionetas ligeras en el mercado estadounidense han comenzado a registrar ajustes, en la mayoría de los casos al alza. 

Sin embargo, dichos ajustes no han impactado a todos los modelos en la misma medida y un factor determinante es el país de origen del vehículo en cuestión.

Catalyst IQ llevó a cabo una revisión a la evolución de los precios de millones de unidades, tomando en cuenta su número de serie, y comparó el promedio de cada modelo a la venta a principios de febrero pasado con el precio que ostentaban en el tercer trimestre del 2025.

De acuerdo al análisis, los vehículos producidos en Canadá registraron un aumento de precio de 3 mil 991 dólares en promedio, mientras que los de Japón incrementaron casi 3 mil 300 dólares y los de Alemania tuvieron un ajuste al alza de 2 mil 819 dólares.

En cambio los autos y camionetas ligeras producidos en México tuvieron un aumento en promedio de mil 504 dólares, uno de los más bajos solo superados por el ajuste que registraron los vehículos de producción doméstica, que registraron un ajuste de solo 91 dólares.

Un caso excepcional fue el de los modelos producidos en Corea del Sur, los cuales incluso registraron una disminución de precios de 123 dólares en promedio.

El estudio explica que esta diferencia en los incrementos cada vez cobra más relevancia, pues durante décadas, los fabricantes alemanes y japoneses se beneficiaron de un factor “increíblemente poderoso” en el mercado estadounidense: la autorización para cobrar más.

Ese “permiso” se obtuvo gracias a la credibilidad en ingeniería, la reputación de rendimiento, la durabilidad y el valor de marca construido a lo largo de generaciones. Los consumidores no solo compraban estos vehículos, sino que justificaban el precio superior porque formaba parte de la historia.

No obstante, el análisis advierte que este modelo solo funciona en el entorno adecuado, y dicho entorno ya no existe.

“En teoría, se trata de una tendencia de precios. En la práctica, es algo mucho más tangible: una diferencia en los pagos. Y esta diferencia se percibe de forma muy distinta cuando la confianza del consumidor es baja y la capacidad adquisitiva ya está al límite”, advierte Rick Wainschel, vicepresidente de Ciencia de Datos y Analítica de Catalyst IQ.

El experto detalló que los concesionarios operan en un mercado minorista donde los clientes son más cautelosos, más sensibles a los pagos y más analíticos que hace tan solo un año. 

“Cuando la confianza disminuye, la elasticidad se reduce. Los consumidores están menos dispuestos a gastar en mejoras ambiciosas y se inclinan más a buscar la mejor relación calidad-precio”, indicó.

El análisis concluye que las marcas que asuman mayores costos necesitarán “una comunicación de valor más precisa, una gestión de inventario más rigurosa y, posiblemente, una estrategia de incentivos más efectiva para compensar la creciente diferencia en los precios”.

Con estos ajustes, las marcas que no estén expuestas a esta presión tienen la oportunidad no solo de mantener su cuota de mercado, sino también de captar una mayor atención en un mercado donde la asequibilidad es primordial.

“El panorama competitivo no se está transformando de la noche a la mañana, pero sí se está modificando sutilmente. Y en el sector minorista, estos cambios suman”, resumió Wainschel.

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